Después de mascar las hojas, el pueblo guaraní procedía a filtrarlas con los dientes o a través de una pequeña caña fina y hueca, el “taquapi”. Los pequeños porongos de calabaza eran los contenedores de una bebida que carecía de tecnología térmica, sistemas de cebado sofisticados o yerbas compuestas, especias o energizantes, sin contar que se tomaban al interior de las comunidades y donde hubiera sido impensado que atravesaran los siglos, las fronteras y hasta se consolidaran como una bebida “cool”. Ahora pareciera que el mateocupa el lugar de modas como el “agua de hibiscus” o el famoso “matcha latte”.
Entre Zoe Saldaño, Sabrina Carpenter, Jason Momoa o Kevin Bacon, el mate pasó de mano en mano (y a través de otros medios más modernos) hasta internacionalizarse, convirtiéndose para algunos analistas en el nuevo ícono del bienestar. Este té japonés de color verde intenso y brillante al que se le sumó la versión con leche en helados y polvos, había nacido, al igual que el mate, en rituales precisos, casi ceremoniales del siglo IX, para luego convertirse en fenómeno global y un signo de distinción en las cafeterías de las principales capitales del mundo. Y un informe de CNN advierte que al mate le está ocurriendo lo mismo.
De la ronda íntima al estrellato global
El viaje del mate no se detiene en los sets de Hollywood. De la mano de figuras nacionales como Lionel Messi, que lo lleva como una extensión de su propio cuerpo, el piloto Franco Colapinto o internacionales como el futbolista francés Antoine Griezmann, la infusión se convirtió en una postal cotidiana en los vestuarios europeos y las giras mundiales. Incluso el cantante de Metallica, James Hetfield, lo adoptó como un ritual indispensable antes de salir a los escenarios por sus propiedades estimulantes y antioxidantes. Lo que para los sudamericanos sería un código de encuentro y comunidad, para el resto del mundo se transformó en un objeto de deseo que despierta una curiosidad inmediata.
Lejos de ser un consumo marginal, explican desde CNN, el mate tiene un mapa global bastante definido. Siria se mantiene, desde hace décadas, como el principal importador de yerba mate argentina, con un consumo arraigado que se transmite entre generaciones. Entre Siria y Líbano, concentran casi el 70% de las exportaciones de yerba mate argentina, según el Instituto Nacional de Yerba Mate (INYM). Solo en el primer trimestre de este año, las exportaciones superaron las diez mil toneladas en todo el mundo.
Pero el mate no se explica solamente por el sabor y sus propiedades. Uriel Charne lo entendió cuando advirtió que en una ciudad repleta de cafeterías casi no existían espacios dedicados exclusivamente a esta infusión. Junto a un amigo, creó una boutique pensada para ofrecer algo más que un producto: una experiencia. Aprender a prepararlo, comprender sus tiempos, elegir la temperatura exacta del agua, descubrir la pausa y habitar su ritual. “El mate es encuentro”, resume. Y quizás ahí está parte de su expansión.
El dilema del ritual: ¿Tradición o innovación en lata?
El interés de las nuevas generaciones por el bienestar y la estética de las cafeterías de especialidad abrió las puertas a emprendimientos que buscan hablar un lenguaje más digital. El informe de CNN ilustra con el caso de marcas como Cósmico, creada por la estadounidense Samantha Trottier y su esposo argentino, que en pocos meses logró llegar a más de 1.800 puntos de venta y exportar a Estados Unidos, Europa y Australia bajo la premisa de que tomar mate es "nuevamente cool". Al mismo tiempo, en lugares como Rusia, sommeliers de yerba mate experimentan con técnicas heredadas del café, como el cold brew o la coctelería, desafiando las reglas no escritas del cebado tradicional.
Sin embargo, la globalización del mate plantea un nuevo debate sobre su identidad. Hoy en día, el mercado mundial de bebidas listas para tomar y extractos a base de mate ya supera al de la hoja suelta. En Estados Unidos y Europa, la infusión se comercializa en latas energizantes, bebidas saborizadas —como el nuevo proyecto que impulsa Barron Trump, el hijo del presidente estadounidense— e incluso en cápsulas diseñadas para consumirse "sin hacer lío".
El informe plantea el nuevo debate que ocurre cuando el mate se despoja de la bombilla, el agua caliente y la pava para transformarse en una lata fría o una cápsula express y “la ceremonia colectiva empieza a diluirse”. Quizás el mate se resista a convertirse en el nuevo matcha, y sus versiones de suplementos dietarios y licores queden en un simple experimento.